Dicen que
la música es un medio que te transporta a otro mundo. Para otros, endulza los
momentos más amargos de la vida. O simplemente, es buena compañía. Para mí, en
la reciente entrada que tuve a esta
bella expresión artística en forma de sonido que cautiva a tus oídos, es
inspiración.
Qué bello
es disfrutar la compañía del silencio, pero gozar de una buena melodía no le
hace daño a nadie. La forma de coordinar los sonidos que vienen de distintos
instrumentos, es simplemente magnífico. No conozco muchos estilos musicales, y
mucho menos hablar de grupos y modas, simplemente, si me gusta, me lleva a
crear.
Mis
pasiones fluyen aún más si es en torno a una buena canción. ¿Ya les había dicho
que parezco un niño en una dulcería cuando tengo un lápiz en la mano? Creo que
sí, pero en fin, mi pasión es el dibujo a mano alzada y la música me permite
mantener un flujo constante. Por alguna razón, siempre que dibujo, suena la
misma canción en un momento determinado de mi inspiración, se titula “99Luftballons”.
Creo que me
distraje del tema, porque fue un día bastante interactivo y rítmico. Ahora,
yendo al grano, me encuentro en el patio de mi escuela, acabo de darle unos
dulces a Andrea, Felipe y Diego, que son compañeros de segundo año.
El día es
precioso, las hojas caen suavemente bailando
a manos del viento y el sol
brilla entregándonos un calor propio de otoño. Ha llegado… ¿nuestra tercera?
¿cuarta?... realmente no sé qué clase de ETO nos corresponde hoy, pero ya estoy
entrando al taller de manualidades.
Es interesante
la manera en la que trabajamos, no deja de sorprenderme y hoy nos toca
interactuar con instrumentos musicales. De hecho nunca he sido tan bueno en el
ámbito musical, pero nunca es tarde para aprender algo nuevo.
Entre las
improvisadas melodías que ahogan el silencio, ahí estoy yo, tocando la
guitarra. No me llevo bien con las guitarras, pero su sonido es tranquilo,
relajante y motivador. Me estoy moliendo los dedos con las cuerdas.
Durante mi
pobre intento de músico profesional nos convocan en grupos para seguir
descubriendo a mi pequeña compañera instrumental. Con mis pares, empiezo a
improvisar algo de música y nos sale bastante bien al momento de presentárselo
a los demás. Pero no es el fin de la clase. Me he ofrecido para tocar algo que
inspirara una sensación frente a los demás. Me ha tocado: “Carnaval”.
Parece una
pequeña fiesta frente al escenario y me emociona mover las maracas. Son más
amigables que mi guitarra, pero aún así, intentaré aprender a tocarla.
Me siento satisfecho,
fue un día estupendo y la clase ya acaba. Demasiada música me da ánimos de
mover la cadera, y no puedo dejar de hacerlo. Ahora sólo queda volver a casa y
descansar un buen rato, tal vez dibuje.
PD: Esta
entrada es para ti, Valeria (Facebook bajo su consentimiento). Gracias por ser
una inspiración en mi vida, te adoro.


