jueves, 13 de marzo de 2014

Así comienza...

Ha pasado un poco más de una semana desde que empecé la universidad. Estoy sentado en el patio central, el sol choca en mi rostro y espero  entrar a una nueva clase que me ha llamado la atención desde hace un tiempo. Aunque el ingreso hacia este nuevo mundo universitario tenga las puertas honrosamente abiertas, me siento más pequeño al no entender cómo funciona este laberíntico sistema. A veces pienso que no estoy listo para esto, otras veces me parece absurdo cuestionar de manera tan crítica lo que aún no ha pasado, pero de lo que sí estoy seguro, es que mi opción para convertirme en terapeuta ocupacional tendrá un fin, un fin colectivo, algo que ayudará al mundo.
Todos comienzan a ingresar a un salón a la hora señalada. Acabo de almorzar y estoy satisfecho, sin embargo estoy algo pensativo. Pienso en mis estudios, en si realmente la Terapia Ocupacional será para mí. Mis ramos son bastante simples, pero no me dejo guiar por las apariencias y espero lo mucho que tendré que hacer; me estresa pensar en que dentro de unos días estaré estudiando algo nuevo que pueda arriesgar el avance de mi rendimiento.
Me encuentro observando los detalles de la pared cuando de repente aparece una persona con el pelo alborotado, deja su bolsa y una pila de papel en el escritorio que la espera sobre la tarima. Al parecer es nuestra profesora de “Terapia Ocupacional y Estrategias de la Intervención I” (me referiré a esta clase como “ETO”, ya que el nombre roba muchas palabras para mi primera entrada).
 No puedo dejar de observar a mi profesora de ETO, tiene algo en los ojos que me maravilla. Es capaz de unir íntimamente los lazos de la expresión verbal y corporal, su voz enérgica y la proximidad que tiene hacia sus estudiantes me parece un tanto sutil, pero a la vez un acto de respeto. Esto me hace pensar que realmente vive su vocación como terapeuta, siento admiración por ella al saber que es capaz de dar vida a los que la necesitan, porque ya saben, aquí a muchos les hace falta un empujoncito.
Luego de la introducción del ramo, nos entregan un cuestionario acerca de nuestros datos personales y aspectos de vida. Lo relleno con cuidado y me dirijo a la escuela para comenzar nuestra primera actividad.
Dios, es dibujo a mano alzada, lo que me apasiona. Salto de alegría y contengo la respiración intentando alcanzar todos los materiales necesarios para empezar a trazar líneas de pasión. Intento dejar fluir parte de mi imaginación, pero es muy poco el tiempo que me dan para cubrir de colores y texturas un pliego de cartulina.


Ha sido una obra incompleta, pero parte de ella me deja satisfecho. Ha terminado mi primera clase y observo tranquilamente el escenario cubierto de pinturas que expresan parte de cada compañero. Estoy feliz y entusiasmado con el inicio de una nueva semana, porque al parecer, las cosas no saldrán tan mal como creía…



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