jueves, 27 de marzo de 2014

La magia de una careta.

No he tardado en adaptarme a este mundo universitario, las actividades que realizamos durante la “Semana Mechona” me traducen que la vida de un estudiante consta de ámbitos que abarcan más que sólo el área académica. Esto también nos lo han enseñado en nuestra primera semana oficial de clases en relación a nuestra profesión.
El ser humano es un individuo óptimo al desarrollo tanto personal como colectivo, es un ser integral en constante cambio íntimamente relacionado con la naturaleza de sus actos.
La introducción a mi carrera luce prometedora en todos los sentidos. Cada vez que me dirijo a la escuela, una sensación de paz se apodera de mí, tratando de cautivarme bajo un ambiente pleno y equivalente a la naturaleza. Estos momentos de relajación son necesarios cuando uno se ve inmerso en toda clase de pensamientos que te distraen de tus responsabilidades y prioridades. Creo que a todos nos pasa de vez en cuando.
Espero una nueva sesión de ETO, el sol cede ante el cambio de temporada reciente y los árboles adornan de manera majestuosa e irregular un fondo celeste sobre mí. El programa informa la confección de unas máscaras que deberían reflejar nuestra personalidad, y me parece fantástico poner a prueba mis habilidades artísticas.
Nuevamente, a la hora de entrar, se presentan diversos materiales. En este caso, servirán para cubrirnos la cara de vendas para moldear nuestros rasgos lo más cercano a la perfección propia.
Luego de oír las instrucciones, conformamos grupos y empezamos a humedecer las tiras de yeso para unirlas a nuestro rostro. Me tumbo en la mesa junto a Manu y nuestras compañeras empiezan la acción.
Se siente tan extraño, no acostumbro a cubrir mi rostro, me desespera en cierto sentido. Sin embargo, dejo de luchar contra el nerviosismo y me dejo llevar por la técnica que imparten las manos sobre mi cara.
Está muy frío y evito las carcajadas a toda costa, ya que no quiero arruinar la paciencia y dedicación de mis compañeras. Es relajante y aguanto el ímpetu de echar una siesta, pero cuando abro los ojos, ya han terminado con “mi tratamiento facial”.
Sólo soy capaz de emitir sonidos que se ahogan en vagos intentos de palabras, y cuando una niña busca papel higiénico, me acerco a ella, le doy un poco y le genero una sonrisa a causa de mi rostro cubierto.
Ya es hora de sacarse el molde. Con cuidado remuevo la dura capa de yeso que parece tener una forma irregular, pero cuando la veo, me impresiona el parecido que tiene a mis rasgos. No puedo dejar de tocarla. Pienso en que de esta forma debo verme para los demás, es decir, veo cierta parte de mí desde un punto de vista totalmente nuevo. Es asombroso.

La clase termina y todos parecen contentos con sus máscaras. Ahora sólo falta esperar a pintarlas para que logren distinguir la personalidad de cada uno, porque al fin y al cabo, el objetivo de esta clase es conocerse a sí mismo.



3 comentarios:

  1. buen trabajo, potencia mas las reflexiones, respeta las 500 palabras.

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  2. Gracias. ¿No han sido 500 palabras? Me marca que son 500 exactamente.

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    1. al copiar el texto hay 2 partes donde se pegan palabras, pero hay que darse cuenta que están pegadas, no te preocupes efectivamente son 500

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