No he
tardado en adaptarme a este mundo universitario, las actividades que realizamos
durante la “Semana Mechona” me traducen que la vida de un estudiante consta de
ámbitos que abarcan más que sólo el área académica. Esto también nos lo han
enseñado en nuestra primera semana oficial de clases en relación a nuestra
profesión.
El ser
humano es un individuo óptimo al desarrollo tanto personal como colectivo, es
un ser integral en constante cambio íntimamente relacionado con la naturaleza
de sus actos.
La introducción
a mi carrera luce prometedora en todos los sentidos. Cada vez que me dirijo a
la escuela, una sensación de paz se apodera de mí, tratando de cautivarme bajo
un ambiente pleno y equivalente a la naturaleza. Estos momentos de relajación
son necesarios cuando uno se ve inmerso en toda clase de pensamientos que te
distraen de tus responsabilidades y prioridades. Creo que a todos nos pasa de
vez en cuando.
Espero una
nueva sesión de ETO, el sol cede ante el cambio de temporada reciente y los
árboles adornan de manera majestuosa e irregular un fondo celeste sobre mí. El
programa informa la confección de unas máscaras que deberían reflejar nuestra
personalidad, y me parece fantástico poner a prueba mis habilidades artísticas.
Nuevamente,
a la hora de entrar, se presentan diversos materiales. En este caso, servirán
para cubrirnos la cara de vendas para moldear nuestros rasgos lo más cercano a
la perfección propia.
Luego de
oír las instrucciones, conformamos grupos y empezamos a humedecer las tiras de
yeso para unirlas a nuestro rostro. Me tumbo en la mesa junto a Manu y nuestras
compañeras empiezan la acción.
Se siente
tan extraño, no acostumbro a cubrir mi rostro, me desespera en cierto sentido.
Sin embargo, dejo de luchar contra el nerviosismo y me dejo llevar por la
técnica que imparten las manos sobre mi cara.
Está muy
frío y evito las carcajadas a toda costa, ya que no quiero arruinar la
paciencia y dedicación de mis compañeras. Es relajante y aguanto el ímpetu de
echar una siesta, pero cuando abro los ojos, ya han terminado con “mi
tratamiento facial”.
Sólo soy
capaz de emitir sonidos que se ahogan en vagos intentos de palabras, y cuando
una niña busca papel higiénico, me acerco a ella, le doy un poco y le genero
una sonrisa a causa de mi rostro cubierto.
Ya es hora
de sacarse el molde. Con cuidado remuevo la dura capa de yeso que parece tener
una forma irregular, pero cuando la veo, me impresiona el parecido que tiene a
mis rasgos. No puedo dejar de tocarla. Pienso en que de esta forma debo verme
para los demás, es decir, veo cierta parte de mí desde un punto de vista
totalmente nuevo. Es asombroso.
La clase
termina y todos parecen contentos con sus máscaras. Ahora sólo falta esperar a
pintarlas para que logren distinguir la personalidad de cada uno, porque al fin
y al cabo, el objetivo de esta clase es conocerse a sí mismo.


buen trabajo, potencia mas las reflexiones, respeta las 500 palabras.
ResponderBorrarGracias. ¿No han sido 500 palabras? Me marca que son 500 exactamente.
ResponderBorraral copiar el texto hay 2 partes donde se pegan palabras, pero hay que darse cuenta que están pegadas, no te preocupes efectivamente son 500
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