Embobado
por el amor, me encuentro a las afueras de una nueva clase de ETO. Hoy nos toca
un tema relacionado con el movimiento creativo, pienso que bailaremos o haremos
cualquier actividad que se relacione con rodar por el piso. No soy muy bueno en
esto, no me muevo tan bien y no suelo expresarme de manera corporal, mucho
menos frente a un grupo de personas tan grande como mi curso, me da vergüenza y no me anima del todo.
Vaya, ahora
debo entrar, y que agradable está aquí afuera, nos toca la clase con Daniel y
ni idea donde esté la profesora Erna. La
sala, ordenada, con las sillas casi adheridas a la pared, nos deja apreciar un
espacio muy grande al centro, casi todos podríamos ponernos a bailar allí.
Sinceramente,
estoy muy distraído, si una mosca estuviera volando, la seguiría con la mirada
por un buen rato, pero no es el caso y ahora, empezaremos a realizar una serie
de ejercicios.
Formo parte
del grupo uno. Aquí nos reunimos en el centro y nos recostamos en el suelo, que
por cierto, dejaremos limpiecito. Siento muchas miradas sobre mí, lo cual es un
poco absurdo sabiendo que hay alrededor de 25 personas más en las mismas
condiciones que yo. Esto me recuerda a las veces en las que me quedo mirando el
techo de madera en mi casa, buscando formas que parezcan animales o personas,
es bastante relajante y comienzo a entrar en sueño, más ahora, que han apagado
las luces.
Comienza la
música, algo tenue y activa, perfecta para relajar el cuerpo. Se supone que nos
dieron instrucciones claras de lo que debíamos ir haciendo a medida que
transcurría esta pegajosa melodía. Debemos mover partes de nuestro cuerpo y
sentir si realmente tienes dominio total sobre ellas, pero díganme algo, ¿Uno
puede controlar a voluntad absoluta todas las partes de su cuerpo? Qué risa, porque
debimos vernos bastante graciosos intentando mover las caderas y los dedos de
una manera tan descoordinada. No puede ser, mi coordinación motriz es un asco,
ahora me doy cuenta de que tengo suerte de saber caminar, necesito aprender a
coordinarme.
Lo hice mal
a mi parecer, mi profesora me diría que aquí las cosas no se hacen mal, eso es
lo que siempre recuerdo en todas las clases.
Por suerte,
ya nos levantamos del suelo, donde el olor a pies transpirados me tenía algo
ahogado. Aún hay más, debemos movernos al ritmo de la música, para mí es
bailar. Bailo con la Javi de manera bastante alegre, cosa que no me permite
dejar de sonreír, nos movemos en un intento sincronizado e improvisado según lo
que queramos, es simplemente divertido.
Luego de
toda esta actividad que me dejó bastante alegre, debemos observar algo parecido
con el grupo número dos. Ahora puedo sentir lo que ellos sintieron al vernos
acostados en el piso como sacos de papa, cosa que da para más risas.
Espero que
nuestra siguiente clase de ETO sea igual de divertida.


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